martes, 21 de marzo de 2017

La luz envuelve las risas de los que se aman


La realidad corresponde a nuestra hondura

El tiempo va creando las palabras; las palabras, el tiempo.

Desde la ventana, las nubes regresan a su nombre.

Aunque no haya un aún, las palabras esperan; la luz envuelve las risas de los que se aman.


Alfonso Alegre: El Camino del alba, Tusquets
pág. 171. Barcelona, 2017

miércoles, 1 de marzo de 2017

Maxine, ¿has perdido un tornillo?

  

         Maxine no se considera especialmente asustadiza, ha asistido a colectas de fondos luciendo los accesorios equivocados, ha conducido en el extranjero con exóticos cambios de marcha, se ha impuesto en discusiones con cobradores de facturas, traficantes de armas y republicanos enloquecidos, y todo sin pasar mucho miedo físico o espiritual. Pero ahora, al cruzar la puerta, se plantea la pregunta pertinente:  Maxine, ¿has perdido un tornillo? Durante siglos ha intentado adoctrinar a las chicas con historias sobre el Castillo de Barbazul, y ahí está ella, una vez más, desatendiendo a todos los sensatos consejos. En algún lugar, más adelante, hay un espacio confidencial, desconocido, que se resiste al análisis, y una atracción fatal la rastra a él, una atracción que fue la causa de que la echaran de la profesión y puede que algún día haga que la maten. Arriba, en el mundo, es un luminoso medio día de verano, con pájaros bajo los aleros de las casas, avispas en los jardines y aroma de pino. Pero ahí abajo hace frío, un frío industrial que la recorre hasta la punta de las uñas de los pies. No se trata sólo de que Ice no la quiera ahí.  Tiene la certeza, sin saber muy bien por qué, de que ésta es la última puerta que debería haber cruzado.
Thomas Pynchon: Al límite.
Traduc. de Vicente Campos
Tusquets, Barcelona 2015
Página 203

jueves, 9 de febrero de 2017

Pynchon: Al límite

     

       Más tarde, cuando Ziggy se ha ido ya a sus clases de krav maga con Nigel y su canguro, Maxine se pasa por la Kugelblitz para recoger a Otis y a Fiona, que, al llegar a casa, no tardan en sentarse delante de la tele del salón para ver   La hora de la camorra, en la que salen dos de los superhéroes favoritos de Otis en ese momento: Insolente, famoso por su corpulencia y compromiso, que podría denominarse proactivo, y El Contaminador, que en su vida civil es un chico obsesionado por el orden, que se hace siempre la cama y recoge sus cosas, pero que, cuando asume su papel de EC, se convierte en un solitario defensor de causas justas que va esparciendo basura por antipáticos departamentos gubernamentales, empresas codiciosas e incluso países enteros que a nadie le gustan, y además desvía alcantarillas o entierra a sus rivales bajo montañas de residuos tóxicos. Busca la justicia poética; o, como le parece a Maxine, lo enguarra todo. 
       Fiona está en ese valle entre niña incansable y adolescente imprevisible, y ha encontrado un equilibrio, por breve que sea, que despierta tal ternura en Maxine que casi tiene que sonarse los mocos mientras piensa lo muy poco que falta para que esa calma se interrumpa.
         —¿Estás segura —Otis en su papel de todo un caballero— de que no será demasiado violento para ti? 
         Fiona, cuyos padres deberían plantearse el hacerse un seguro que cubra la pena de verla crecer, mueve las pestañas, posiblemente realzadas tras una incursión en las reservas de maquillaje de su madre. 
          —Puedes avisarme para que no mire. 
         Maxine, reconociendo esa técnica de la infancia femenina que consiste en fingir que cualquiera puede decirte cualquier cosa, desliza un cuenco de Cheetos dietéticos delante de ellos, junto con dos latas de refrescos sin azúcar y, deseándoles un «que lo paséis bien», se va del salón.
         —Los malvados empiezan a ponerme nervioso —murmura Insolente, mientras tipos armados y helicópteros convergen sobre él.
Thomas Pynchon: Al límite.
Traduc. de Vicente Campos
Tusquets, Barcelona 2015
Páginas 42-43

sábado, 4 de febrero de 2017

La biblioteca de Cambridge


Baúl del siglo XV  donde los primeros libros de la Universidad se transportaban 
Primera edición del Ulises de James Joyce
Charles Darwin, borrador manuscrito de El origen de las especies


Francis Darwin,  reciclando papel de su padre





Libros viajeros

The Tasrih-i Mansuri  de Mansur ibn Ilyas en 1386 



jueves, 1 de diciembre de 2016

La voz que te cuenta una historia: Lunar Park



      Me fijé en que mi hijo había dejado  un dibujo al marcharse: un paisaje de la luna. Tan detallado que tuve que demorarme en él, maravillándome por la paciencia que debía haber tenido mi hijo para dibujar aquel paisaje lunar  en particular ¿De dónde procedía esa determinación ardiente, incesante?
    También vi la única palabra que había escrito en el dibujo, y la rocé con un dedo.
    No sabía qué le había traído hasta allí. No sabía qué se lo había llevado.
......

    Jayne quería criar niños disciplinados, con talento, triunfadores, pero todo le daba miedo: la amenaza de los pedófilos, las bacterias, los todoterrenos (teníamos uno), las armas, la pornografía y la música rap, el azúcar refinado, los rayos ultravioletas, los terroristas, nosotros.
......

     Había tantos enemigos anónimos -de dentro y fuera del país- que nadie estaba seguro de contra quién luchábamos ni por qué. Las ciudades se habían convertido en lugares de profunda tristeza donde de pronto túmulos de acero, cristal y piedra interrumpían la vida cotidiana y sobre los que se cernía un dolor de escala imaginable intensificado por las fotocopias manchadas y destrozadas colgando por doquier con los rostros de los desaparecidos, que no solo recordaban  constantemente lo que se había perdido sino que advertían de lo que se avecinaba.
............

"Quiero enseñarte algo", susurraron las cenizas. Te quedaste mirando cómo las ceniza subían y danzaban entre una multitud de imágenes del pasado, cayendo en picado para remontar después el vuelo, y las cenizas se elevaron por encima de una pareja joven que miraba al cielo y luego la mujer miró al hombre y el hombre le ofreció una flor y sus corazones latieron abriéndose poco a poco y las cenizas cayeron sobre su primer beso y luego sobrevolaron a una pareja joven paseando a un bebé en un cochecito por el Mercado de los Granjeros y al final las cenizas viraron  por un jardín y se arrastraron hacia el estuco rosa de la primera -y única- casa que habían comprado como familia, en una calle llamada Valley Vista, y luego las cenizas recorrieron arremolinadas un pasillo detrás de cuyas puertas había niños y volaron entre los globos y apagaron suavemente las velas que ardían  delicadamente sobre el pastel comprado que había en la mesa de la cocina el día de tu cumpleaños, y giraron alrededor del árbol de Navidad que se erguía en el centro del salón y oscurecieron las luces de colores que lo decoraban, y las cenizas siguieron la bici sobre la que pedaleabas por la acera cuando tenías cinco años...


Bret Easton Ellis, Lunar Park, Barcelona 2006
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

lunes, 29 de agosto de 2016

El nuevo Novio

Escultura de Agata Kawa

       
      Dentro del armario de la sala hay tres ataúdes. Lo primero que piensa Immy es que un cuarto ya no cabe. Lo segundo es que solían pasar horas jugando con Oliver y Alan, y ahora ya no los sacan casi nunca. Son de Ainslie y no es como jugar a las muñecas. Más bien es como decirle a tu amiga que quieres pasar el rato con las personas de mentira que guarda en un armario del sótano. Que además sólo son amables contigo porque ella quiere que lo sean. Si Immy tuviera una Novio, no lo tendría en un armario del sótano.
       Abre un ataúd: es Oliver. El segundo es Menta. Es un nombre ridículo, no le extraña que haya estado haciendo cosas raras.
       - Hola, Menta. Soy Immy. Despierta.
    Aguanta la respiración y se da la vuelta buscándolo; pero, como era de esperar, no está. Es un chaval de mentira metido en un ataúd falso, ¿no?. Al menos eso es lo que piensa Ainslie. Lo que opina Immy es que no se debería apagar un novio sin más, solamente porque no es como tú querías.
       Le mete los dedos  entre el pelo, que es de una suavidad increíble. Es pelo de verdad, cosa que debería de resultarle rara, pero no.  Si de verdad fuera novio de  Ainslie, no podría hacer lo que está haciendo.
       Encuentra el punto blandito que tiene detrás de la oreja y lo pulsa. Una vez para modo corpóreo y dos para el espectral. Pulsa de nuevo y lo despierta.
       Cuando cierra la tapa del ataúd y se vuelve,  encuentra al Novio Fantasma subido a la bicicleta estática. La mira como si ella estuviera realmente allí con él, como si la conociera y supiera algún secreto. 

Kelly Link: A mí no me engañas.
Seix Barral, Traduc.: Maia Figueroa,
2015, página 243