sábado, 27 de septiembre de 2014

Jhon Keats. Lo bello es una dicha para siempre

Lago de Sanabria, 2014

  Lo bello es una dicha para siempre:
su hermosura va en aumento
y nunca se abolirá en la inanidad,
más aún nos dará un dulce cobijo
y un reposo lleno de dulces sueños,
bienestar y un suave aliento.
Por eso tejemos día a día la guirnalda
de las flores que nos ciñen a la tierra
a despecho de los temores, de la falta
inhumana de nobleza, de los días crepusculares
y de todos los insanos, oscurecidos caminos
para nuestra pesquisa hechos.
Sí, a pesar de todo, alguna imagen bella
aparta el sudario de nuestros sombríos espíritus
y el sol, la luna, los árboles verdes o viejos
esparcen su sombra regalada a las mansas ovejas;
así ocurre a los narcisos con el mundo floreciente
en que ellos viven, a los frescos riachuelos
que hacen por sí mismos su álgida cubierta
a la estación calurosa y al helecho forestal
al que enriquece el centelleo
floral de las rosas almizcleñas. Y tal es,
en verdad, la grandeza del destino
que hemos inventado a los muertos poderosos,
las amenas consejas que hemos escuchado o leído,
una fuente inagotable de elixir inmortal
que chorrea hasta nosotros de la linde de los cielos.
  Y no tan sólo percibimos una breve hora estas bellezas;
no, porque, así como los árboles susurrantes en torno al templo
se convierten en seguida en algo tan venerado
como el templo mismo, así la luna,
la pasión de la poesía y un infinito esplendor,
nos asaltan hasta convertirse en luz gozosa a nuestras almas
y tan estrechamente nos circundan
que, ya encubiertas de luz, ya de penumbra,
deben para siempre acompañarnos o morimos.
  Así pues, alborozado, es como voy a contar
todo el relato de Endimión. Hasta la música de su nombre
me ha penetrado y cada escena placentera
crece ante mí con igual frescor
que el verdor de nuestro valle. Así que voy
a empezarlo ahora que el bullicio de la ciudad
no me alcanza, ahora que las yemas más tempranas
se renuevan y extienden
por laberintos del más tierno color
por los vetustos bosques ; ahora que los sauces nos muestran
su delicado ámbar y nos llegan las cubas del establo
rasantes de leche a casa. Y mientras la estación verdece
en los tallos que rezuman, voy a guiar suavemente
mi botecillo a lo largo de muchas y mansas horas
por los arroyos que se internan en la espesura.
Muchos, muchos versos espero escribir
antes de que las margaritas, ribeteadas
de bermellón y blanco, en la yerba tupida se oculten;
y antes de que las abejas zumben en torno a las matas
de trébol y el dulce guisante, debo hallarme
casi en mitad de mi relato. Y ojalá
no lo vea el invierno nudo y cano aún incompleto
sino que el majestuoso otoño, con el tinte universal
de su oro atemperado, me envuelva cuando lo acabe.
Yo, ahora, temerario, envío ya
mi heraldo pensamiento a las soledades:
dejadle que sople su clarín  y cubrid rápidamente
mi inseguro camino de verde para que pueda avanzar
ágil y presto por entre flores y matorrales.

John Keats. Endymion, 1818. Traducción de Pedro Ugalde 
en Mil años de poesía  europea, BackList, Barcelona, 2009, págs 555-557.


Lago de Sanabria. Sendero que lleva al Balneario de Bouzas 

A thing of beauty is a joy for ever:
Its loveliness increases; it will never
Pass into nothingness; but still will keep
A bower quiet for us, and a sleep
Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing.
Therefore, on every morrow, are we wreathing
A flowery band to bind us to the earth,
Spite of despondence, of the inhuman dearth
Of noble natures, of the gloomy days,
Of all the unhealthy and o'er-darkened ways
Made for our searching -yes, in spite of all,
Some shape of beauty moves away the pall
From our dark spirits. Such the sun, the moon,
Trees old, and young, sprouting a shady boon
For simple sheep; and such are daffodils
With the green world they live in; and clear rills
That for themselves a cooling covert make
'Gainst the hot season; the mid-forest brake,
Rich with a sprinkling of fair musk-rose blooms:
And such too is the grandeur of the dooms
We have imagined for the mighty dead;
All lovely tales that we have heard or read-
An endless fountain of immortal drink,
Pouring unto us from the heaven's brink.

Nor do we merely feel these essences
For one short hour; no, even as the trees
That whisper round a temple become soon
Dear as the temple's self, so does the moon,
The passion poesy, glories infinite,
Haunt us till they become a cheering light
Unto our souls, and bound to us so fast
That, whether there be shine or gloom o'ercast,
They always must be with us, or we die.

Therefore, 'tis with full happiness that I
Will trace the story of Endymion.
The very music of the name has gone
Into my being, and each pleasant scene
Is growing fresh before me as the green
Of our own valleys: so I will begin
Now while I cannot hear the city's din;
Now while the early budders are just new,
And run in mazes of the youngest hue
About old forests; while the willow trails
Its delicate amber; and the dairy pails
Bring home increase of milk. And, as the year
Grows lush in juicy stalks, I'll smoothly steer
My little boat, for many quiet hours,
With streams that deepen freshly into bowers.
Many and many a verse I hope to write,
Before the daisies, vermeil rimmed and white,
Hide in deep herbage; and ere yet the bees
Hum about globes of clover and sweet peas,
I must be near the middle of my story.
O may no wintry season, bare and hoary,
See it half finished: but let Autumn bold,
With universal tinge of sober gold,
Be all about me when I make an end!
And now at once, adventuresome, I send
My herald thought into a wilderness-
There let its trumpet blow, and quickly dress
My uncertain path with green, that I may speed
Easily onward, thorough flowers and weed.

John Keats. Endymion, en Mil años de poesía  europea, BackList, Barcelona, 2009, págs 554-556.

Lago de Sanabria