viernes, 19 de septiembre de 2014

Nietzsche: ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?




      Cabe admirar en este caso al hombre como poderoso genio constructor, que acierta a levantar sobre cimientos inestables  y, por así decirlo, sobre agua en movimiento una catedral de conceptos infinitamente compleja: ciertamente para encontrar apoyo en tales cimientos debe tratarse de un edificio hecho como de telarañas, suficientemente liviano como para ser transportado por las olas, suficientemente firme para no desintegrarse ante cualquier soplo de viento.



     En realidad, ¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Sería capaz de percibirse a sí mismo, aunque solo fuese por una vez, como si estuviese tendido en una vitrina iluminada? Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre! ¿De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad?
Friedrich Nietzsche, 
Sobre verdad y mentira en sentido extramoral
 y otros fragmentos de filosofía del conocimiento.
Pág 30 y 24. Editorial Tecnos, Madrid 2010