domingo, 7 de agosto de 2016

NADA

The Hive, Kew Gardens
...nos habíamos olvidado  de que le tocaba  a Elise decidir  qué otra cosa  iría a parar al montón de significado.
      - ¡El pelo de Rikke-Ursula!
      Yo miré a Rikke-Ursula que de inmediato alzó una mano hasta las trenzas azules  y ahora abría la boca, signo de una protesta que ya sabía que era inútil.
        - ¡Yo llevo tijeras!- gritó Hussain carcajeándose.
      Sacó una navaja, la mantuvo en el aire y sacó las tijeras.
        - Se las cortaré yo- dijo Elise.
       - Yo también quiero, son mis tijeras-dijo Hussain y se pusieron de  acuerdo en cortar la mitad de  trenzas cada uno.

     

Azul, más azul. Azulísimo.
     Rikke-Ursula estaba totalmente quieta sin producir el mínimo ruido mientras le cortaban el pelo, pero las lágrimas rodaban por sus mejillas y era como si el azul  de su pelo quedara reflejado en sus labios, que se mordió hasta hacerlos sangrar.
      Miré hacia otra parte para no echarme a llorar yo también.
     Cortarle el pelo a Rikke-Ursula era peor que cortárselos a Sansón. Sin pelo ella ya no sería  Rikke-Ursula  con con sus seis trenzas azules, y eso significaba que desde entonces dejaría de ser ella. Y pensé  que quizá precisamente por eso  las seis trenzas azules  eran parte de lo que importaba, pero no me atreví a pronunciarlo en alto. Tampoco por lo bajo. Porque ella era mi amiga, a pesar de que no fuera esa Rikke-Ursula que llevaba seis trenzas azules  y fuera alguien tan especial y tan ella misma.
Janne Teller: Nada
Traducc. de Carmen Freixenet,
Seix Barral,Madrid, 2010
Páginas 71-72